Historia de los Detectives Privados

La profesión del investigador privado como la conocemos hoy en día no apareció en la historia hasta el siglo XIX (concretamente en 1849), cuando el escocés Allan Pinkerton fue nombrado primer detective de la ciudad de Chicago. Año en el que abrió la primera agencia de investigación privada en colaboración con el abogado Edward Rucker, la North-Western Police Agency, que pronto cambiaría su nombre por Agencia Pinkerton. Su lema “We never sleep” acabaría siendo conocido en todo el país.


En España, en cambio, no fue hasta el siglo XX (concretamente en 1907) cuando se fundo la primera agencia de investigadores privados. Bajo el nombre de "La Internacional", abría sus puertas en Barcelona. Sabemos de ella por el anuncio que publicaba en los periódicos como “Gran detective particular para asuntos secretos”.




Posteriormente, se crearon otras agencias como la “American Office”, también en Barcelona. Cuyo detective y director, se haría conocer en la radio, relatando sucesos y crímenes en España. Pero el mayor difusor de la profesión, fue R. Julibert. Francés de nacimiento quien se ubico en Barcelona y fundó una escuela para formar a investigadores en España.


En Madrid, sobre 1913, surgieron La Protectora y Oficina Internacional de Detectives. A raíz de la creación de estas dos agencias se fundo el Instituto Fernández-Luna que acabó sus días con la segunda república (1931-1938).


Aún así, la profesión no fue regulada de manera oficial y reconocida hasta que, en 1951, se creó una orden que reglamentaba las actividades de las denominadas Agencias Privadas de Investigación.


Por otro lado, Eugenio Vélez-Troya fue uno de los principales impulsores, considerado el primer detective privado español reconocido oficialmente que, además, fundó y presidió, en 1958, la primera Asociación Nacional de Detectives de España. Su larga carrera y su gran experiencia han propiciado que sea considerado como uno de los investigadores privados más importantes de la historia de España.


En 1971 se completó, agonizante, la Orden sobre las agencias pero para exigir más requisitos y avales policiales y sindicales.


Con la Constitución democrática de 1978 se cambiaron los modos de ver al detective por parte del poder. Al final del mandato de Adolfo Suárez, en Enero de 1981 y bajo el sello del Ministro Juan José

Rosón, se promulgaron sendos decretos del ministerio de educación e interior. En el primero se configura la carrera de detective en los institutos de criminología en tres cursos superiores. En el segundo se otorgaban licencias a los detectives, sus auxiliares y se evitaba la renovación de licencia anual. A finales de los setenta el gremio eclosiona al liberalizarse nuestras relaciones sociales, familiares y políticas. Surgen las primeras mujeres detective y centenares de agencias por todo el territorio estatal.



Por otro lado, se cuece la impropia Ley de Seguridad Privada de 1992. Se completa con un Reglamento en 1994 que encarcela al detective privado en un contexto que nada tiene que ver con su trabajo de investigación que se liga más a juzgados que a comisarías.


En conclusión, en España, los detectives privados, pese a ser los mejor formados del mundo (se les exige por ley el grado universitario de investigación privada) tienen su campo de acción muy limitado normativamente.

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